¡Hola, mundo!
Sí, titulado en honor a mi primer programa de computadora. Le agregué unos símbolos para demostrar lo genial que era programando.
El segundo fue una calculadora… y se colgó. Ese día entendí lo que era un bug.
Pero no vine aquí a hablar de mis maravillosas habilidades programando, sino para iniciar un blog sobre mi nuevo libro Conquistar el mundo (y otros errores de juventud).
Sí, como si no tuviera suficientes cosas de las cuales preocuparme.
O tiempo.
En fin, lo importante es que tomé la iniciativa y tuve la valentía para atreverme.
¿Cómo empezó todo esto?
En realidad, ni lo recuerdo con exactitud. Solo sé que fue hace aproximadamente 8 años porque así lo dice mi archivo más antiguo.
Quería hacer un webcómic (en aquel entonces estaban de moda).
“Una temática un tanto misteriosa, pero simple. Esa es la receta ideal”, pensé.
El problema: dibujar.
No es tan simple hacerlo con un mouse, y si han usado Illustrator, saben que requiere demasiada paciencia. Finalmente, consideré descontinuar una historia que recién se estaba formando… hasta que recordé que podía escribir.
De sueño a historia
Llevo escribiendo desde mi turbulenta adolescencia, así que pensé que era buena idea darle una oportunidad.
Poco después tuve un sueño lúcido.
Si han leído el inicio del capítulo II, precisamente esa era la sensación que tuve. En ese instante tuve la revelación.
Y la historia creció.
Lamentablemente —o tal vez afortunadamente—, mis responsabilidades laborales y académicas aumentaron drásticamente. Lo que había avanzado tuvo que quedarse atascado por mucho tiempo.
Hasta que, cierto día, me dio la locura de decir:
“Lo termino porque lo termino.”
Y lo terminé.
El precio de la obsesión
Claro que tuvo un costo:
Sueños sacrificados (literalmente, porque dormía solo 3 horas cada noche durante casi 2 meses).
Facturas que no se pagan con dinero, como el odio temporal de mi perro, que no pudo dormir tranquilo esos meses.
Pero nadie me quita la satisfacción.




